miércoles, 4 de abril de 2012

Tu recuerdo sigue en mí.

Te echo de menos. Echo de menos aquella sonrisa que me regalabas cada vez que me veías. Todos esos momentos en los que sonreíamos, después de haber echo alguna trastada sabiendo que nos iba a caer una buena cuando llegásemos a nuestras casas. Y todos aquellos llantos de rabia por los castigos.
 Esos días en los que hacíamos lo que nos diera la real gana... Todas esas tardes de paseo con nuestros padres, yendo al parque después de haber merendado. Esas noches que nos quedábamos despiertos mientras todos dormían, y nos reíamos sin cesar, sin hacer mucho ruido por miedo a que se despertarán todos los de la casa. Aquellos días que nos teníamos nada que hacer y íbamos a dar una vuelta para matar aquel aburrimiento mirando a las personas pasar de un lado al otro, sin pensar en nada ni en nadie. Pero sobre todo echo de menos aquellas miradas, palabras y abrazos que me dabas para animarme cuando estaba mal, cuando necesitaba el apoyo de un hermano mayor, porque sí, tu en ese momento era como si lo fueras.
Por ello, tu recuerdo sigue en mí. Prueba de eso son mis lágrimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario